lunes, 6 de julio de 2009

Las mujeres de Pinochet


Munizaga, Giselle and Lilian Letelier. “Mujer y Régimen Militar”. Mundo de Mujer. Continuidad y Cambio. Santiago de Chile: Ediciones CEM, 1998. pp. 523-562.

El artículo analiza los textos emanados desde las instituciones de la dictadura para examinar la "acción hegemonizante" de ésta hacia las mujeres, pero constatan que no se trata de un gran discurso coherente, sino que de una serie de retazos que se superponen y contienen fracturas y contradicciones.
"El régimen militar no inventa nada; recupera y reorganiza los espacios de poder y de no poder existentes para utilizarlos en función de sus propias estrategias." (p.536)
La dictadura sólo recupera arquetipos culturales largamente asentados sobre el rol maternal de las mujeres, su papel asistencial y como defensora de la tradición y el orden jerárquico "natural" de la familia y la nación. Capitalizando en las crisis subjetivas que experimentan las mujeres frente a las fuerzas modernizadoras que desestabilizan las relaciones sociales, la dictadura basa su discurso en la recuperación del orden y la seguridad familiar y nacional.

En sus discursos, Pinochet hablaba de "igualdad de derechos y oportunidades para los sexos", los que definía como "complementarios y no rivales" (p.538), articulando dos tipos de discurso sobre "la mujer chilena": el que las define como madres y voluntarias, y el que las interpela a través de los medios de comunicación masiva como consumidora y moderna. Dentro de ésta concepción de los sexos, a la mujer se le atribuye una naturaleza inmutable, trascendente, apolítica y a-histórica, por lo cual puede resguardar los valores esenciales de la nación de "los señores políticos" que amenazan con destruir la Patria mediante el avance de las ideologías y del cáncer marxista. Mediante su rol de madre (maternidad privada) y de voluntaria (maternidad pública), a la mujer chilena le cabe entonces la refundación y reconstrucción de la Patria, limpiando a Chile de las ideologías y promoviendo los valores fundamentales de la nación. A través de los Centros de Madres y de las voluntarias, la ideología militar sobre el papel de las mujeres se difunde. Por otra parte, mediante el consumo masivo de televisores y radios, las mujeres son interpeladas por el discurso neoliberal que las sitúa como consumidoras, principalmente de electrodomésticos importados que la transformarían en "mujer moderna".

The little nazi inside all of us: militarized women in Chile



Bunster, Ximena. “Watch out for the little nazi man that all of us have inside: The mobilization and demobilization of women in militarized Chile”. Women’s Studies International Forum, Volume 11, Issue 5, 1988, Pp. 485-491.

The way women were involved in resisting and denouncing the military dictatorship has been a large focus of attention, but the ways that women also collaborated and lent their support to the regime has been an issue avoided by Chilean feminists. Bunster argues that it is crucial for feminists to examine gender ideologies contained in the doctrine of national security, and how femininity is mobilized to promote military values. At the core of this doctrine women are interpellated as mothers and bearers of the moral values of the Fatherland, ideas that previous governments —both right-wing and Popular Front— had used in their rhetoric as well. However, the military mobilized the image of "a patriotic, self-sacrificing mother whose “apolitical-feminine-private” social behavior develops solely within the territorial boundaries of her home" (p.488).

Through Cema Chile and Secretaría Nacional de la Mujer —the main institutions used by Pinochet for this purpose —women were politically activated under to perform volunteer work as an extension of their work at home: through this work, women become public mothers. This ideology rejects the notion of politics and political activity, which are deemed dangerous and a threat to the nation. Militarization as a process, then, requires the spread of a particular set of rigid ideas about femininity. However, this set of ideas had roots that go way before the military regime itself, in the historical antecedent of upper and middle-class culture of maternalistic charity.

The gendered nature of citizenship in Chilean politics



Franceschet, Susan. "Gendered Citizenship in Chile: An Overview", pp. 19-33 and "Gendered Citizenship and the Future of Chilean Democracy", pp. 167-176. Women and politics in Chile. Boulder, London: Lynne Rienner Publishers, 2005.

Franceschet argues that women have played a significant role in Chilean political history, but have remained marginalized from formal politics due to the gendered patterns of citizenship, also pervasive in Chile's processes of democratization. This has to do with the historical construction of formal politics as masculine and with the fact that the expansion of social rights in Chile has linked citizenship with one's identity as a worker (in the formal labor market). Both left and right discourses in this sense, have articulated their political projects departing from the idea of a male-headed household with women as dependants of male workers, deeming the rest of them —defined as "abandoned women"— as objects of charity. Even after women gained the right to vote in 1949, gender ideologies still linked women to their maternal role and mobilized them around their caretaking responsibilities (as in the Centros de Madres).

Gender ideologies under the dictatorship stressed women as bearers of the Fatherland's values, drawing a constant analogy between the family and the country as a whole. In this way, women were used —in discourse and practice— to consolidate authoritarianism. Women under dictatorship were successful in organizing around the need to democratize not only the country, but to address gender relationships altogether, but because of the incomplete and negotiated nature of Chilean's transition, these demands for political citizenship have been overshadowed. The dictatorship's legacy of fear of conflict and pathological search for consensus has thus narrowed the possibilities for women to negotiate their political and social rights. On the other hand, women's movements have demanded their rights on the grounds of their identities as mothers, mobilizing existing gender ideologies to their benefit,instead of effectively challenging them.

La organización de las mujeres en Dictadura

Arteaga. Ana María. “Politización de lo privado y subversión de lo cotidiano”. Mundo de Mujer. Continuidad y Cambio. Santiago de Chile: Ediciones CEM, 1998. pp. 563- 592.

Este artículo busca analizar la organización de las mujeres en dictadura en parte para explicarse "en que falló" este movimiento de mujeres, "por qué no pudimos consolidar nuestra experiencia en interlocución, propuesta, movimiento o fuerza?" (p.566), así como también examinar los contenidos valóricos e ideológicos asociados a dicha participación. Las autoras reiteran la ya mentada tipología de las organizaciones de mujeres en dictadura: organizaciones territoriales de base, organizaciones de derechos humanos y organizaciones propiamente feministas, y se hacen cargo de que no es posible operar con una categoría universalizadora como "las mujeres", sino que es necesario mirar la experiencia específica de la opresión que vive cada uno de estos grupos y sus particulares prácticas de resistencia.

Respecto a las organizaciones territoriales de subsistencia, las autoras apuntan a la capacidad de estas experiencias de ampliar la conciencia de las mujeres en cuanto a las estructuras de subordinación que las afectan, y atribuyen un potencial de transformación político-social a estas experiencias al democratizar los espacios cotidianos de la familia y el hogar (pero no hacen mención a la comunidad, curiosamente). En el caso de las organizaciones de mujeres que reaccionan a la represión desde su posición de madres, esposas, hijas y hermanas, su práctica sólo asumiría una dimensión política al irrumpir en el espacio público e interpelar al estado. Respecto a las organizaciones feministas, estas serían de carácter muy heterogéneo lo que dificulta la articulación de una identidad y agenda común en el espacio público.

En los tres casos, lo privado se transformaría en político e interpelaría tanto al estado como al ámbito privado de las relaciones familiares. Sin embargo, en su conjunto, las autoras concluyen que estos tres tipos de organizaciones no tuvieron la capacidad de generar un proyecto político de transformación social que apuntara a la resolución de los conflictos tanto de clase, como de género.